03 de junio de 2026
Reinaldo Jesús Guilarte Lamuño
Miembro de Número del Instituto Venezolano de Derecho Social
El cacao y el café fueron los principales productos de exportación de Venezuela en el siglo XIX y el inicio del siglo XX, porque en dicha época la economía del país estaba basada en el trabajo de la tierra. Sin embargo, con ocasión del surgimiento de la industria petrolera, el país sufrió una migración desde el campo a las zonas petroleras, porque las personas buscaban tener una mejor calidad de vida, además de recibir los beneficios económicos de una industria que transformó a la sociedad.
Ya en el siglo XXI como consecuencia de los retos enfrentados por la industria petrolera, se observa como existe un crecimiento importante en la industria agrícola y pecuaria, pero además en el sector turismo, aun sin contar con las condiciones necesarias para competir con los países vecinos. A pesar de ello, la industria está logrando reinventarse con el impulso del turismo nacional.
Ahora bien, algunos siguen considerando que el petróleo y la minería son los sectores que deben ser la punta de lanza de la recuperación económica del país, cuando la realidad es que el país requiere una economía diversificada, en la que las actividades que se realicen sean en las que somos competitivos.
Sin embargo, para la recuperación económica, más allá de los cambios legislativos y la inversión, se necesita que las personas tengan las competencias que el mercado requiere, por lo que es fundamental invertir en la formación de las personas.
De hecho, en la actualidad tenemos una generación que son nativos digitales, que comprenden a la perfección el impacto de la tecnología en los procesos de las organizaciones, pero también tenemos a la generación plateada, que sin ser nativos digitales, cuentan con unas competencias que otras generaciones no tienen, por lo que podrían ser consultores en proyectos especiales de las organizaciones, así como podrían transferir sus conocimientos y competencias a las nuevas generaciones.
Por lo tanto, resulta claro que el país requiere recuperar su sistema educativo y formativo, para que las personas puedan contar con las competencias que necesiten para prestar servicios en el nuevo mercado de trabajo, porque las personas son uno de los valores más importantes que el país tiene, para lograr la recuperación económica y la transformación de las organizaciones.
Siendo así, será necesario desarrollar los programas que se requieren, para que las empresas puedan aportar en lo que sería la recuperación del sistema educativo y formativo, como parte de su relación con las comunidades en las que ejecutan su actividad económica.
En conclusión, es fundamental poner en el centro del debate a las personas, porque son ellas con su talento y competencias, las que permitirán la recuperación económica y social del país, más aún cuando en la Encíclica Magnifica Humanitas, se manifiesta que “la iniciativa empresarial puede ser una verdadera vocación, capaz de generar riqueza y mejorar la vida de todos, siempre que reconozca la creación de empleo digno y de valor como parte esencial de su servicio a la sociedad”[1].
[1]https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html#Una_economia_que_valore_la_dignidad